Carlos Sabino, era un joven argentino que querÃa acabar rápidamente con las miserias del mundo. Muy pronto se unió a las juventudes radicalizadas del peronismo.
Soñaba con la revolución que El General les habÃa prometido. En cambio, sus compañeros tomaron el camino de la guerrilla urbana y el terrorismo.
Ya sociólogo adiestrado, al llegar al poder Salvador Allende se fue a Chile para encontrar la realidad oculta detrás de los espejos. Mientras Allende hablaba de libertad y justicia, el paÃs se caÃa a pedazos, y la sociedad, crispada, se preparaba para el enfrentamiento.
Desalentado, cruzó la frontera y se fue al Perú de Velasco Alvarado. Allà descubrió, otra modalidad del desastre y de maltrato a las personas. Entonces marchó a Venezuela, convencido que ni la teorÃa marxista ni el estado voraz podÃan aportar solución a los problemas. Aún no sabÃa cómo ni con qué reemplazar la cosmovisión socialista que habÃa impregnado los primeros treinta años de su vida. El reemplazo de su cosmovisión socialista llegó poco a poco.
Sabino, mientras enseñaba SociologÃa, se doctoró en EconomÃa y por primera vez encontró una explicación racional al problema del subdesarrollo y la pobreza de los latinoamericanos: El débil tejido empresarial no creaba suficiente riqueza. Sólo barbarie y atraso podÃa esperarse en sociedades donde las libertades económicas y polÃticas eran mutiladas, sus instituciones republicanas vulneradas y su estado de derecho colapsado.
Si bien no es la primera vez que se escribe un libro asÃ, lo que acaso diferencia a este libro, es el tono absolutamente pedagógico y tranquilo con que está escrito. Sabino no tiene la furia del converso, lo que le permite demoler pulcramente y sin odio todos los mitos del socialismo.
Sencillamente, quiere contar su vida, explicar por qué se equivocó en su juventud y por qué el antÃdoto contra ese error intelectual y esa perversidad moral lo encontró en el pensamiento liberal. Por eso es un libro distinto: Sabino no sólo condena el pecado; también señala el camino para salir del infierno.
Carlos Alberto Montaner