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Filosofía Objetivista

La Moralidad del Dinero.


Autor: William Thomas


En respuesta al escándalo de Enron muchos comentaristas culturales se apuraron en retomar un tema favorito: el poder corrupto del comercio. Aquí hay un ejemplo típico en las cartas de lectores del New York Times: “El colapso de Enron fue producto de la cultura de la avaricia, deshonestidad, ceguera ética y optimismo que ha caracterizado a gran parte de las corporaciones de Estados Unidos desde la llegada de la administración de Reagan” (John S. Koppel, 22 de enero de 2002). Desde este punto de vista, Enron simplemente representa al capitalismo de “libre mercado” corrupto. Y la reacción del autor, como la reacción de muchos editorialistas y periodistas, es el disgusto por la “avaricia” y el desprecio por la idea de que ganar dinero puede ser moral.

El ilustrador de Los Angeles Times, Jeff Danziger, capturó este sentimiento al dibujar a Enron como un prostíbulo, con una sala decorada con estatuas y pinturas de mujeres desnudas o escasamente vestidas que sostienen bolsas con el símbolo del dólar. El mensaje era claro: los dólares son dinero; el dinero simboliza el capitalismo; el capitalismo es inmoral. Danziger tiene razón en que el dinero simboliza al capitalismo. ¿Pero qué deberíamos pensar de este símbolo? La respuesta de Ayn Rand fue inequívoca: “el dinero demanda de cada uno las más altas virtudes,” escribió en La Rebelión de Atlas. Sin embargo su visión parece incongruente a la luz de la moral defectuosa de ciertos hombres de negocios, herederos ricos, y corporaciones, de quienes Enron es un ejemplo particularmente detestable. Bajo estas circunstancias, puede ser útil repasar la visión de Rand de que el dinero es una credencial de nobleza.

En La Rebelión de Atlas, uno de los héroes, Francisco d´Anconia, da un discurso sobre el significado del dinero. En él dice: “Las palabras ‘hacer dinero’ tienen la esencia de la moralidad humana”. Su explicación es que uno gana dinero a través de la producción y el comercio. Y esa es la forma más noble de vida: como un productor que crea valor y luego gana valores de otros a través del intercambio voluntario.

Eso es justamente lo que hace la gente normalmente en un mercado libre. El dinero en sí no crea nada, pero como es el medio de intercambio hace posible la producción especializada y el comercio de larga distancia que son la base de una civilización avanzada y rica. Esto se debe a que, en sentido abstracto, es un símbolo de justicia, logro y progreso.

Por eso los objetivistas defendemos el valor moral de hacer dinero, porque admiramos al hombre y a la mujer productivos, racionales e independientes. Pero esto no significa que igualemos a la riqueza con el valor moral, mucho menos en los sistemas económicos mixtos que tenemos hoy en día. Esto debería verse en los varios villanos ricos que Rand retrata en sus novelas, como el arquitecto Peter Keating en El Manantial y el heredero ferroviario James Taggart en La Rebelión de Atlas. Desde la perspectiva objetivista, el dinero no es un fin en sí mismo. Es valorable por lo que uno hace con él, y tiene un sentido moral por la forma en que uno generalmente gana el dinero en una sociedad libre. Entonces, al evaluar el valor moral de una persona los objetivistas no preguntan: ¿tiene dinero? Preguntan: ¿Cómo se lo ganó? (¿Un criminal puede ganar dinero, no?) Y: ¿qué quiere hacer con él?

En resumen, no toda moneda es una credencial de honor, pero de todas formas podemos presuponer en la mayoría de los casos de que es una señal de bondad. Después de todo, cada dólar ganado a través del libre intercambio representa un valor libremente conferido por clientes felices. Los clientes pueden demandar cosas que no deberían –una parte del mercado de vinos consiste en borrachos, por ejemplo. Pero la mayor parte, la responsabilidad de asegurarse de que el cliente esté bien atendido, debe caer en el cliente mismo. El es quien tiene que preocuparse de evitar tratos delicados y buscar su propio bienestar en el largo plazo. El vendedor, en general, debe confiarse de que el cliente utilizará su producto responsablemente. Entonces, puede haber valor moral en la venta de vino, aún cuando algunas personas lo usen para convertirse en alcohólicos.

Aún así, la bondad de la riqueza es sólo una suposición. Un heredero cuyas habilidades comerciales se resumen en contratar a un banquero privado responsable no necesariamente es malo, pero una vez que preguntamos cómo ganó su dinero, lo consideramos mucho menos que a un emprendedor brillante. En general, una persona no vale menos moralmente simplemente porque tiene menos dinero que otro (si el dinero si igualara el valor moral, este humilde escritor podría difícilmente sentirse orgulloso de su elección de vida). Y por supuesto el dinero obtenido en forma deshonesta no vale nada moralmente. Cuando un ejecutivo corporativo como Ken Lay de Enron se presenta como un innovador mientras construye una casa financiera de tarjetas y engaña a sus accionistas y empleados, vemos la diferencia entre ganarse el dinero y pretender ganarlo. El simple hecho de tener u obtener dinero no es noble; ganar dinero sí.

En forma similar, gastar dinero no es en sí moralmente admirable. Desde la perspectiva objetivista utilizar el dinero propio es un acto noble en servicio de nuestra vida y felicidad. Pero el dinero también se puede gastar mal. Acumular simplemente no tiene ningún sentido para nadie. El hedonismo miope y la conformidad sin espíritu de “mantenerse a la altura de los Perez” son usos despreciables de la riqueza. Pero aún peor es gastar el dinero propio para promover el mal: irracionalidad, colectivismo, sacrificio. Por caso, consideren las corporaciones y a los individuos ricos (generalmente hereditarios) que financian a grupos ambientalistas anti-industrialistas, y anti-civilización como Greenpeace y Sierra Club. Lo mismo se puede decir de quienes tiran grandes sumas en religiones, que generalmente le dicen a la gente que el valor moral consiste en el autosacrificio y que la fe irracional es la única verdad. También existe el fenómeno depresivo de los herederos de riqueza como muchos de los Kennedy en la política estadounidense de hoy. Ellos se designan supervisores de la sociedad, exprimen sus riquezas para ganar el poder del gobierno, y luego administran nuestras vidas en forma paternalista a través de impuestos, regulaciones y programas sociales obligatorios.

Ayn Rand defendía al dinero para luchar contra el odio ancestral a la riqueza práctica y el actualmente difundido odio hacia la obtención de riqueza en el mercado. En la cultura estadounidense tenemos la saludable sensación de que no hay nada de malo en ganarse el mango, pero está mezclado con la convicción moral de que el dinero es la raíz de toda maldad. Entonces, de aquí surgen los herederos de alguna riqueza ansiosos por probar su rechazo hacia el capitalismo y su compromiso con una idea social “más alta”. De ahí, la vista común de un genio productivo que con impaciencia pasa sus ingresos sobre las manos de aquellos enemigos de la industria y la libertad que residen en universidades, fundaciones, e iglesias. Estados Unidos se destaca por la generosidad de sus ciudadanos, pero es lamentable que mucha de esa generosidad sirva para aumentar el odio al comercio y a la libertad.

Por momentos, los héroes de Rand reclaman que buscan sólo obtener ganancia, lo cual podría dar una impresión equivocada de la visión de Rand. Por ejemplo, su heroína Dagny Taggart, en el lanzamiento del ferrocarril “John Galt” que ha construido, anuncia a la prensa: “La Sra. Taggart dice –cita- espero hacer una pila de dinero con la Línea John Galt. Me lo habré ganado” (La Rebelión de Atlas). Aquí, Rand (a través de Dagny) está jugando con una caricatura de los negocios –la visión de que muchos ejecutivos hacen su trabajo sólo por la plata que obtendrán a cambio. En la novela, esto es desdicho por la entusiasmada Dagny que toma a su trabajo en una dimensión espiritual y personal. Y en realidad es raro encontrar personas, incluso financistas, que trabajen bien en un trabajo que no valoran por su propio bien. La postura de Rand en este punto es que “el esfuerzo por enriquecerse” es parte y porción de vivir bien. Lejos de ser la raíz de todo mal, el dinero, cuando fue obtenido a través de la producción y el comercio, es el resumen de todo lo mejor de los seres humanos.

Ese es el sentido del dinero. El valor moral de la riqueza particular de las personas es una cuestión de juicio, de aplicar los principios generales de la ganancia de dinero a los casos individuales. Hoy, mucha gente, especialmente de la izquierda, tienen dudas con respecto a las cualidades de los ejecutivos de negocios. También los objetivistas: ¿Aquella figura en la tapa de Fortune es un Hank Rearden o un Orren Boyle?

En cierta medida, la desconfianza generalizada hacia los negocios es resultado del medio ambiente político. Los negocios son constantemente expuestos a nuevas idas y venidas que funcionan produciendo más daños que beneficios. Y en la era de la agitación y la propaganda mediática, son bombardeados por reclamos falsos o sensacionalistas por grupos de defensa. (¿Recuerdan el ataque contra la sacarina? ¿El Síndrome de China? ¿El apocalíptico informe anual del Worldwatch Institute?). Y ahora es común que una teoría loca ingrese a las cortes y sea utilizada para devastar una empresa, como Dow-Corning fue destruida por afirmaciones falsas acerca de los malos efectos para la salud que tienen los implantes de mamas de silicona.

Ejecutivos de negocios rara vez se defienden moralmente de estos ataques. Cuando inician una defensa, generalmente no es que sienten orgullo por ganar dinero. En su lugar, como William Clay Ford (Presidente de Ford), reconocen que no hay nada de moral en realizar buenos productos que la gente quiere y está dispuesta a pagar para tener. Reconocen que “moral” significa “servir al bien común” o “preocuparse por el medio ambiente”. No tiene nada que ver con ganar dinero. Sin embargo lo que hacen es obtener ganancias. En realidad, para los empleados corporativos, es su deber hacia los accionistas que los emplean. Como si sintieran la inconsistencia de su moralidad altruista recibida, muchos líderes empresarios adoptan una postura cínica e hipócrita.

Entonces, son los más comprometidos en ganar dinero los que más necesitan apreciar su significado. La cultura capitalista puede prosperar sólo cuando entendemos que ganar dinero demanda lo mejor de cada uno, y que no se necesita ninguna disculpa por alcanzar objetivos o por la excelencia.

William Thomas es Manager of Research and Training en The Objectivist Center (www.theobjectivistcenter.org).

Permiso para traducir y publicar otorgado por The Objectivist Center a la Fundación Atlas para una Sociedad Libre (www.atlas.org.ar).