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Filosofía Objetivista

La Guerra del “Nosotros” contra el “Yo”.


Autor: P. J. O´Rourke


Ed Crane, presidente y CEO de Cato Institute, me pidió que fuera optimista esta noche. Es nuestro 25 aniversario; todo está saliendo en forma excelente. Somos un think tank exitoso. Tenemos un gran edificio. Tenemos donantes generosos. Nos mencionan en los diarios –hoy justamente en la sección de estilo de Washington Post. Y cuando nos mencionan, los diarios ya casi nunca se refieren a nosotros como los discípulos molestos de Ayn Rand que quieren legalizar la droga y las armas de fuego.

Entonces se supone que debo ser optimista esta noche, pero no. El optimismo es para delicadas organizaciones de beneficencia, como Brookings, la ONU o el Partido Demócrata. Cato no es una organización de beneficencia. Somos libertarios. No estamos aquí para hacer el bien; estamos aquí para hacer lo que nos venga en gana –y enfrentar las consecuencias. Porque somos verdaderos defensores de la libertad, y la libertad tiene consecuencias.

La libertad, tal como sabemos nosotros sus verdaderos defensores, es principalmente responsabilidad. Y les hablo como un hombre que libremente se comprometió a pagar una hipoteca muy grande, que libremente se casó, tuvo hijos, y, en base a su propio libre albedrío, se compró un SUV (pick up 4x4) que tiene que ir a la estación de servicio cada 30 kilómetros. Hay momentos en los que parece que la libertad es todo consecuencias.

Y digo que no me importa ser optimista porque no soy optimista en la causa que Cato representa. El optimismo es para personas que quieren sentirse bien con su causa –los reformistas, los progresistas, los revolucionarios, los idealistas, los utópicos, los colectivistas, y el resto de la maraña colectivista de la Tierra.

Ahora bien ¿por qué quieren sentirse bien? Quieren sentirse bien para convencerse a sí mismos de que son buenas personas. Quieren ser buenas personas para ser mejores que otros. Y quieren ser mejores que otros para poder arrastrar al resto de nosotros. De eso se trata.

Nuestra causa no es una buena causa. Nuestra causa es una causa severa. Somos los soldados de la primera línea de batalla en la guerra interminable del “nosotros” contra el “yo”.

Ustedes y yo no nos hicimos libertarios porque somos altruistas. En realidad, hay cierto egoísmo en el libertarianismo (“culto del interés personal” es el eufemismo que utilizamos.) Mi casa, mi auto, mi familia pueden ser mucha responsabilidad, pero prefiero tomar esa responsabilidad antes que la responsabilidad de que cualquiera de ustedes tenga citas con mi mujer, o incruste mi coche contra un poste telefónico o deje sus medias sucias en el piso de mi habitación (Aunque cuando se trata de los chicos, si cualquiera de ustedes quiere cuidarlos gratis, estoy dispuesto a compartir.)

Pero se trata de sentido común, en realidad, más que de egoísmo común, lo que nos lleva a la filosofía libertaria. Creemos en la primacía del individuo, la santidad del individuo, la libertad y la responsabilidad del individuo porque somos individuos. No somos hormigas o abejas. No razonamos, ni amamos, ni vivimos ni morimos en forma colectiva.

Existe tal cosa como el júbilo masivo –entre jóvenes idiotas en recitales de N´Sync. Existe la muerte masiva –en Hiroshima y Auschwitz. Pero las bombas atómicas, los genocidios, y los recitales de jóvenes no son cosas que den felicidad al corazón de un libertario.

Siempre que un libertario escucha la palabra “masas”, sabe que esas masas aparecen para algo malo –histeria masiva, movimientos masivos, asesinatos masivos, hambruna masiva. Noten cómo, cuando los colectivistas hablan, la pobreza masiva siempre va junto con la muerte individual. Saquen sus propias conclusiones. Hay sólo una frase feliz que hace referencia a las masas, y ese es el éxodo masivo, cuando todos están parados en sus propios pies, intentado escapar del resto.

Digo que la lógica lleva al libertarianismo. Pero además, en el libertarianismo hay, francamente, un elemento dispar, porque sabemos que la gente no es buena. Sabemos que la gente es traicionera, la gente es ambiciosa, la gente es cruel. Sin embargo, nosotros, como libertarios, queremos dejar a la gente suelta para hacer lo que quieran. Lo queremos porque también sabemos que sin importar qué cosas malas hagan los individuos, son mejores que las que se hacen a los individuos por la voluntad colectiva.

Los libertarios no quieren milagros de los individuos. Sólo esperamos que los individuos sean individuales, con el pequeño grado de maldad que tienen los individuos. El verdadero mal es coercitivo, y un individuo no tiene el poder de la coerción que tiene el gobierno. El verdadero bien es voluntario, y no gubernamental, sin importar cuán democrático, es verdaderamente voluntario –tal como lo descubrieron los votantes de Florida en noviembre de 2000. Sólo los individuos tienen libre albedrío, no los sistemas. El bien voluntario lo realizan los individuos, en beneficio de los individuos. Parte de ese bien voluntario será insípido, mudo y miope, de poco valor para toda la humanidad. Pero el jardín más horriblemente desnudo es mejor que la plaza más hermosa.

Esto da esperanza a los libertarios. Pero no estoy seguro de que sea inteligente para nosotros, ser optimistas. El individuo tiene enemigos poderosos. A lo largo de la historia estos enemigos han vencido en última instancia, en la mayoría de los tiempos y en la mayoría de los lugares, a los individuos. Los libertarios tienen mucho por lo cual luchar. Los libertarios deben luchar contra el instinto de manada. Los libertarios deben luchar no sólo contra el instinto sino las ideas. Y dos de las ideas más metidas en la mente humana es la idea del derecho colectivo y la idea del resultado de suma cero.

El derecho colectivo es la noción de que se me debe algo, no porque fabriqué o hice algo sino porque pertenezco a cierta categoría. Se me debe algo porque soy miembro de un proletariado que merece los frutos del capital, un miembro del sexo femenino que merece acciones afirmativas, y un afro americano que merece indemnizaciones por esclavitud, un indio americano que merece a todo el maldito país, o, en mi caso, un hombre de mediana edad, blanco que merece algo de paz y tranquilidad cuando llega a casa del trabajo (y algo de deportes en la televisión).

Noten cómo la idea de derecho colectivo es mucho más popular que la idea de pérdida colectiva. Muy, pero muy raramente alguien es voluntario para ir a la cárcel porque otro miembro de su grupo étnico ha venido administrando redes de protección en Brooklyn durante décadas.

Y también hay resultados de suma cero -la noción de que sea lo que sea que ustedes tienen, lo tienen porque me lo sacaron a mí. Como todas las malas ideas, esta tiene cierta base en la realidad. Por millones de años los seres humanos fueron dependientes para su vida en la tierra, y hay tanta-salvo que sean holandeses y han drenado el suyo. (Y creo que deberíamos destacar que Holanda pasó de ser un pantano de las afueras de Bélgica, a ser una nación muy rica).

Es lo suficientemente fácil ver de dónde proviene la forma de pensar de resultados de suma cero, pero la era de la que provino se terminó. Todos en Estados Unidos no vinieron a través del Estrecho de Bering congelado como un puente y robó su tierra a alguien más. Y hablando por mí mismo, la pueden tener de nuevo si prometen sembrarla. Al Diablo con toda esta tierra. Preferiría estar alto en el cielo en mi jet Gulfstream, jugando al mercado con tecnología inalámbrica.

El libertarianismo viene de un lugar diferente – un lugar que la mayoría de la gente comprende y otra gente no lo cree. El libertarianismo viene del lugar que está entre dar y recibir. Y casi nadie quiere ir a ese lugar. Está lleno de trabajo y preocupaciones.

Lord Acton dijo que los verdaderos amigos de la libertad siempre eran pocos. Puede que todos estén en este salón. Estamos aquí porque nadie nos quiere.

Y sin embargo, a pesar de que digo que no deberíamos ser optimistas, no es realmente cómo me siento. Yo sí siento esperanza. Yo creo en que hay un futuro para el individuo libre, lo quiera o no. Y la razón para decirlo es por algo que está justo fuera de este salón –América.

Casi nadie quería venir a Estados Unidos. Incluso los habitantes originales estaban siguiendo un mamut que buscaban comerse. El resto de nosotros fueron traídos aquí como esclavos o sirvientes. Estamos exiliados aquí como herejes y criminales. Fuimos perseguidos hasta aquí huyendo de la pobreza y la opresión. Y llegamos aquí porque ningún otro lugar nos hubiera aceptado. Somos un grupo de perdedores y vagabundos, el desecho del planeta. Y ahora somos la nación más rica y poderosa del mundo. ¿Por qué? ¿Es por que estamos colectivamente bien? No. Es porque somos individualmente libres

La libertad es dura. Somos duros. La libertad es difícil. Somos difíciles. La libertad es pesada de llevar. Tenemos equipaje. Y una cosa más –la libertad es desordenada. Entonces creo que deberíamos desordenar todo. Para terminar con una charla rápida y breve, sugiero que todos nos emborrachemos!

P. J. O´Rourke es Investigador Mencken del Cato Institute.

Este artículo es una síntesis del discurso de P.J. O’Rourke pronunciado durante la celebración del 25 aniversario del Cato Institute, publicado originalmente en el Cato Policy Report. www.cato.org (en inglés) y www.elcato.org (en castellano).

Traducción de Hernán Alberro.