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Filosofía Objetivista

Existen dos Libertarianismos ?.


Autor: Jim Peron


El pensamiento libertario, o liberal clásico, suele dividirse en dos corrientes supuestamente distintas. Hace algunos años, en un artículo controvertido, R. W. Bradford (utilizando su seudónimo "Ethan O. Waters") las llamó "Los dos libertarianismos": "moralismo" y "consecuencialismo". El moralismo sostiene que los derechos individuales se justifican apelando a las leyes naturales y a los derechos naturales. El consecuencialismo, en tanto, justifica el liberalismo porque "optimiza" la riqueza y la felicidad de la sociedad.

"Waters" sostenía que uno de los consecuencialistas principales era Ludwig von Mises, quien escribió, "El liberalismo es una doctrina dirigida enteramente hacia la conducta de los hombres en este mundo. En el último análisis, no tiene otra cosa en vista que el fomento del bienestar exterior material". Otros consecuencialistas predominantes son Milton Friedman y su hijo, David. La mayoría de los economistas que abogan por el libre mercado comparten el consecuencialismo de estos escritores: el capitalismo es un sistema adecuado porque es el sistema más eficiente.

Del otro lado del debate, entre los moralistas, se encuentran pensadores libertarios prominentes como Murray Rothbard, Ayn Rand y Tibor Machan, entre otros. Rothbard desplegó cuidadosamente sus creencias de la ley natural y de los derechos naturales en La ética de la libertad. Rand abogaba por un moralismo libertario en la mayoría de sus novelas y ensayos como Los derechos del hombre. Tibor Machan desplegó su argumento por los derechos naturales en el excelente libro Derechos Humanos y Libertades Humanas. En el siglo pasado Lysander Spooner abogaba por el concepto de ley natural de la libertad en su ensayo Ley natural. Y el abordaje de Frédéric Bastiat de la ley natural se refleja en el título de su tratado: Armonías Económicas. Los moralistas sostienen básicamente que el libertarianismo es apropiado porque es moralmente correcto.

Respecto a esta supuesta gran divisoria, el profesor Richard Epstein, de la Universidad de Chicago, afirmaba en su libro Principios de una sociedad libre que la tradición basada en la ley natural se "centra en antecedentes, no en consecuencias", mientras que "la corriente opuesta del pensamiento legal se concentra en las consecuencias de las acciones y las normas, no en sus antecedentes". Epstein lamentaba que la reconciliación entre ambas corrientes fuera muy difícil: "Estas teorías consecuencialistas pueden ser convenientes, aunque no del todo adecuadamente, agrupadas como utilitarias. Los abogados del derecho natural tienen un sentido de la intuición mucho más fuerte respecto al papel y al lugar de la libertad individual en la vida cotidiana y los asuntos políticos. Los consecuencialistas están mucho más preocupados por el progreso económico y el bienestar social que con la concepción de la libertad individual, que ellos con frecuencia consideran un poco inocente, simplista o incluso curiosa. La divisoria intelectual entre estas dos escuelas es fuerte y obstaculiza cualquier esfuerzo tendiente a su reunificación fundamental".

Estos dos libertarianismos son supuestamente dos corrientes completamente distintas del pensamiento clásico liberal. Y si bien confieso que me siento como un enano recorriendo tierras de gigantes, tuve dificultades para encontrar las diferencias irreconciliables.

Comencemos por la manera en que Lon Fuller, de la escuela clásico liberal en el derecho, explicaba el derecho natural: "Lo que he intentado hacer es distinguir y articular las leyes naturales de una clase particular de emprendimiento, que describí como 'la empresa de sujetar la conducta humana al gobierno de las leyes'. Estas leyes naturales no tienen nada que ver con cualquier 'inquietante omnipresencia en los cielos'. Tampoco tienen la menor afinidad con los argumentos que sostienen que la práctica de la contracepción es una violación de la ley de Dios. Permanecen enteramente en el plano terrestre tanto en origen como en aplicación. No son leyes ‘más elevadas’; si alguna metáfora de elevación es apropiada deberían denominarse leyes ‘inferiores’. Son como las leyes naturales de la carpintería, o al menos aquellas leyes respetadas por un carpintero que quiere que la casa que está construyendo permanezca en pie y cumpla con los propósitos de aquellos que la habitan."

Algunas de las burlas amontonadas sobre las teorías del derecho natural por los consecuencialistas han apuntado hacia una clase muy específica del derecho natural. La teoría clásica de la ley natural es fundamentalmente un concepto griego. Algunas variantes de la teoría natural también ejercieron influencia en la República Romana. Pero cuando Europa se adentró en la oscuridad de la Edad Media, las teorías de la ley natural se olvidaron. Fueron Tomás de Aquino y otros escolásticos quienes ayudaron a repopularizar la idea de una ley natural. Pero los escolásticos, al ser buenos católicos, le imbuyeron teología a un concepto que hasta ese momento había sido secular.

DOS CLASES DE LEY NATURAL. El filósofo Henry Veatch señala que con Aquino emergieron dos clases muy distintas de derecho natural: "una, de origen teológico; la otra, naturalista o secularizada, basada en la luz natural de la razón humana". En la primera clase, "lo bueno o lo malo, el bien o el mal para el hombre depende claramente del orden divino. De acuerdo con esta teoría, las normas políticas y morales, lejos de ser 'naturales' en el sentido adecuado o susceptibles de ser descubiertas por la razón en la naturaleza de las cosas, parecerían más bien estar signadas por tantas obligaciones que resultan obligatorias sólo porque Dios así lo ha dispuesto".

De alguna manera, esta corriente de la teoría de la ley natural era una renuncia a la ley natural ya que no confiaba en las leyes de la naturaleza sino en la revelación sobrenatural para las normas de conducta. Como tal, se preocupaba profundamente por el alma del hombre como ser religioso. Por lo tanto, sostenía varios preceptos morales que los liberales clásicos consideraban como parte de la vida privada del hombre, no de la vida pública. Estaba profundamente preocupada por los "vicios" además de los "crímenes". Mientras el jurista holandés Hugo Grotius intentaba devolverle a la teoría de la ley natural sus raíces seculares, los teóricos católicos de la ley natural, como Francisco Suárez y Roberto Bellarmine, sostenían que las personas ejercen los derechos colectivamente. Pero Grotius era más individualista en su análisis. Él decía que "la naturaleza prohibe no todo tipo de fuerza sino sólo la que se ejerce contra la sociedad, la que no contempla los derechos de los otros". Él definía a la justicia como "la abstención de lo que es de los otros". Spooner llamaba a la ley natural "la ciencia de lo mío y lo vuestro". J. G. Merquior decía que Grotius ayudó a construir "la versión individual de la sociedad" moderna.

Con estos fundamentos en mente resulta necesario considerar lo que los consecuencialistas creen. Observemos algunas ideas básicas que todos los defensores del libre mercado aceptarían. ¿Por qué, por ejemplo, nos oponemos a los controles de precios y de salarios? La respuesta básica es bastante sencilla: estos controles distorsionan la información de consumidores y productores. Esto conduce a una mala asignación de los recursos. En otras palabras, lleva a consecuencias adversas. El capitalismo, por lo tanto, es defendido porque conduce a consecuencias positivas.

¿Pero exactamente en qué medida esto se aparta de la teoría de la ley natural? Pensemos en lo que decía Fuller: la ley natural es similar a los principios que utiliza un buen carpintero. Veatch utilizaba una analogía similar: "(Por qué) no considerar a la ética y a la política como interpretadas a la luz de esta concepción de la ley natural, como análoga a ciertas artes, habilidades y oficios? ¿Por qué el cirujano, por ejemplo, realiza una incisión de un modo y no de otro? ¿No decimos que es porque sabe cómo hacer su trabajo? Hay probablemente alguna razón –una razón real– para que lo haga de ese modo y no de otro. En este sentido, no podríamos decir que las reglas de la práctica quirúrgica son simples convenciones sin ningún sustento natural... Y lo mismo ocurre con innumerables técnicas y habilidades: contaduría, cocina, abogacía, enseñanza, la construcción de un puente, etc. En todos estos casos el experto sabe cómo realizar su trabajo y sus conocimientos no son otra cosa que el conocimiento de lo que requiere la situación o la naturaleza del caso, ya sea en cirugía, en la pesca, en la cocina o en la construcción de un puente".

Al hablar de las leyes de la naturaleza, a lo que realmente nos referimos es a que la naturaleza específica de las entidades requiere acciones específicas si se pretende lograr las metas deseadas. Si se actúa de manera equivocada, los resultados no serán aquellos deseados. Mises dejó en claro que la diferencia real entre el liberalismo y el socialismo no radica principalmente en las metas perseguidas sino en los medios para alcanzarlas. Los socialistas fracasan no por buscar algo equivocado, sino porque utilizan métodos equivocados para lograrlo. Sus acciones tienen consecuencias que son independientes de sus intenciones. Uno puede decir que hay leyes naturales de la acción humana que requieren métodos específicos tendientes a lograr las metas buscadas. Mises, consecuencialista en esencia, sostenía que existen leyes "naturales", pese a que se referiría a ellas como leyes económicas. Son leyes o principios de economía que existen por la realidad de la naturaleza humana. Y son leyes susceptibles de ser descubiertas por el uso de la razón. Estas leyes económicas suenan increíblemente como ley natural.

El gran "moralista" liberal Grotius decía que las leyes naturales son "tan ciertas que nadie puede negarlas sin violentarse a sí mismo". Por lo tanto, sostenía que acaecerán consecuencias desagradables si se ignoran estas leyes.

UNA CUESTIÓN DE SEMÁNTICA. Todo el debate sobre los "dos libertarianismos" parece ser una cuestión de semántica. Los teóricos de la ley natural sostienen que estas leyes sólo pueden determinarse a través del uso de la razón. Afirman que cuando se aplica el pensamiento racional a la naturaleza específica de la realidad, y cuando se persiguen metas específicas, la naturaleza de la realidad determina el curso de acción necesario para lograr esas metas. Esta es la ley natural. Ignorarla conduce a resultados no deseados.

La razón por la cual la sociedad libre funciona, en el sentido de lograr más de aquello que todos estamos de acuerdo que es "bueno" para la humanidad, es que es coherente con la naturaleza humana. El capitalismo funciona porque es coherente con la naturaleza del hombre. Cuando decimos que el socialismo en cualquiera de sus formas no funciona, nos referimos a que conduce a consecuencias no deseadas. Esto sucede porque no tiene en cuenta las leyes de la naturaleza del hombre. A menos que la naturaleza de la realidad cambie radicalmente, estas leyes naturales continuarán siendo las mismas. El jurista romano Cicerón, en su libro De Republica, lo explicó muy bien: "La verdadera ley es la razón correcta en armonía con la Naturaleza; su aplicación es universal, inalterable y eterna; convoca al deber por las normas, y previene las malas acciones a través de prohibiciones. Y no impone obligaciones y prohibiciones a los hombres de bien en vano, pese a que tampoco tiene efecto sobre los hombres con maldad. Tratar de alterar esta ley es pecado, tampoco se puede permitir abolir cualquiera de sus partes, y es imposible abolirla completamente. Ni el Senado ni el Pueblo pueden liberarnos de estas obligaciones, y no tenemos que buscar fuera de nosotros mismos algún intérprete o expositor de esta ley. Y no habrá en Roma leyes distintas a las de Atenas, o leyes distintas ahora que en el futuro, sino una ley eterna e inalterable que será válida para todas las naciones y para todos los tiempos."

"Ethan O. Waters" confesó que al final se encontraba a sí mismo discutiendo desde una perspectiva moralista. Y dijo que los "moralistas" que él conoce parecen terminar siempre sosteniendo que su postura es acertada sobre la base de las consecuencias de las distintas alternativas. Luego dice: "Quizá deberíamos considerar los dos libertarianismos como dos aspectos de la misma idea básica. Si el libertarianismo es una teoría apropiada, no hay razón para dudar que es tanto moralmente adecuada como eminentemente práctica".

Pero esto es precisamente lo que los teóricos de la ley natural seculares, desde los griegos hasta Grotius y Veatch, han venido diciendo. Son las leyes de la naturaleza las que determinan las consecuencias. Y al perseguir metas específicas, si nuestros medios no son armónicos con las leyes de la naturaleza, fracasaremos. "Waters" tiene razón al preguntarse si los dos libertarianismos son los dos lados de una misma moneda. Lo son. Si todo tiene una naturaleza específica, entonces las acciones necesarias para manipular la realidad se determinan a través de esa naturaleza. Las consecuencias se determinan de acuerdo a si nuestras acciones son coherentes con la ley natural.

Mises, al parecer, también vio las similitudes entre los dos libertarianismos. En Teoría e Historia escribió: "Mucho antes de que los economistas clásicos descubrieran que prevalece una regularidad en la secuencia de los fenómenos de la acción humana, los paladines de la ley natural ya eran algo conscientes de este hecho ineludible. De la apabullante diversidad de doctrinas introducidas bajo la rúbrica de ley natural, finalmente surgieron una serie de teoremas que ninguna objeción podrá invalidar. Hay en primer lugar una idea de que existe un orden dado en la naturaleza de las cosas al que el hombre debe adaptarse si quiere triunfar. En segundo lugar, el único medio del que el hombre dispone para el conocimiento de este orden es el pensamiento y la razón, y ninguna institución social existente está exenta de ser examinada y evaluada por un cuidadoso razonamiento. En tercer lugar, no disponemos de un estándar para la evaluación del modo de acción de los individuos y de los grupos de individuos sino el de los efectos producidos por tal acción. Llevada hasta las consecuencias lógicas últimas, la idea de la ley natural conduce al racionalismo y al utilitarismo."

Tuve problemas para encontrar la diferencia real entre los moralistas libertarios y los consecuencialistas libertarios. Si existe alguna, los defensores de la ley natural son buenos con relación a los principios, mientras que los consecuencialistas se concentran en los resultados. Pero dado que los principios buenos conducen a buenos resultados, no puedo ver la gran divisoria. Para mí no existen dos libertarianismos. Una sociedad libre no sólo es adecuada sino que funciona. ¿Qué más puede decirse a su favor?

Jim Peron es el autor de Exploding Population Myths (Heartland Institute) y Director Ejecutivo del Institute for Liberal Values en Johannesburgo, Sudáfrica. Se lo puede contactar en peron@gonet.co.za

Este artículo fue originalmente publicado en la revista Ideas on Liberty. Permiso para traducir y publicar otorgado por The Foundation for Economic Education (www.fee.org) a la Fundación Atlas para una Sociedad Libre (www.atlas.org.ar).