Info General

Seguinos en
Usted esta en: Valores Factibles: Un estudio de la vida como fuente y recompensa de la Moral.

Filosofía Objetivista

Valores Factibles: Un estudio de la vida como fuente y recompensa de la Moral.


Autor: DE TARA SMITH. Por Aeon J. Skoble


Un problema fundamental en la filosofía moral es, para empezar, la cuestión de por qué uno debería ser moral. Aunque desde Platón los filósofos morales han estado dando respuestas a esta cuestión, es el tipo de pregunta que es bueno enfrentar periódicamente, sobre todo porque mucha gente aun no ha sido convencida. El nuevo libro de Tara Smith, Valores Factibles: Un Estudio de la Vida como Fuente y Recompensa de la Moral, no va a ser el último, pero es un muy buen intento de responder esta pregunta.

Smith, profesora de filosofía en la Universidad de Texas, escribe que su objetivo es “examinar la teoría de Ayn Rand de que los valores y la moral están arraigados en los requisitos de la vida humana”. El enfoque de Rand a la cuestión de por qué ser moral, que de por sí es una variante de la de Aristóteles, es que el propósito de ser moral es florecer como el tipo de ser viviente que uno es. El análisis de Smith es característicamente metódico y riguroso y está respaldado por una puntillosa erudición. No está simplemente cautivada por la explicación de Rand, sino que busca elaborar un argumento original influenciada por Rand y explorar cuestiones meta éticas claves. Es un argumento lógico y bien organizado, escrito con estilo atractivo.

La idea básica es que para vivir (no para vivir bien, para vivir y punto) uno necesita interactuar con el mundo de ciertas maneras y usar sus facultades para contribuir a la preservación y mejoramiento de su vida. El partir de esta premisa convierte a la teoría en un ejemplo de lo que los filósofos llaman “naturalismo ético”, pero es un naturalismo que no es no elegido y exógeno. La moral, en esta visión, es elegida pero natural en el sentido de referirse a cómo el mundo funciona. Ya que el hecho de la vida humana es objetivo, los valores son objetivos. La racionalidad es nuestra herramienta objetiva para descubrir y entonces elegir los valores correctos. Con este enfoque Smith se distancia del subjetivismo y relativismo cultural, tan de moda, que pasan por ética hoy en día.

Smith incluye una buena discusión de la así llamada “distinción valor-hecho”, un error común en la filosofía moral moderna. Los críticos del naturalismo ético afirman que uno jamás puede deducir un valor de un hecho (un “deber ser” de un “es”) y, por tanto, una teoría de la “naturaleza” no es de utilidad para producir una ética. Por el contrario, dice Smith, afirmaciones del tipo “debe ser” pueden ser deducidas de las afirmaciones de tipo “es”. Ya que el ácido de baterías es letal, no debería tomarlo. Ya que la racionalidad es uno de los poderes a mi disposición debería usarlo para conservar y mejorar mi vida. El coraje puede ser un valor genuino porque “si una persona se acobarda cuando sus valores están en juego...sufrirá...el hacer de cuenta que las cosas no son lo que son...no hace nada para fortalecer su habilidad para manejarse entre los hechos que distorsiona”. Smith está argumentando que la vida es lo que hace posibles los valores pero también la que los hace necesarios. Entender de qué se trata la vida nos permite discernir valores, y el objeto de los valores es vivir (bien).

Además de criticar los enfoques intuitivos, contractarios y racionalistas de la ética, Smith diferencia su egoísmo ético del hedonismo y subjetivismo. Escribe: “la imagen del egoísmo como consumo indulgente contradice el hecho que la vida de una persona no se mantiene sin esfuerzo. El consumo per se no es la medida del interés de una persona, ya que la gente no vive tan solo mediante el consumo...un egoísta debe cultivar los rasgos que generan los valores de los cuales su supervivencia depende”. Los principios no son un lujo sino una necesidad practica, y violar los principios que uno sostiene es “una interrupción del progreso de una persona a lo largo de una senda de incentivo a su vida...desviarse de los principios correctos resulta contrario a los intereses de una persona”.

Hay dos criticas que vale la pena mencionar. Primero, Smith promueve una línea de pensamiento que en su última instancia deriva de Aristóteles, aunque es verdad que tanto Smith, Rand, los neoaristotelicos y Aristóteles tienen sus diferencias. ¿Porque no hacer los vínculos aristotélicos más explícitos? Para el lector general esto sería de poco valor, pero muchos de los lectores de Smith van a tener conocimientos de filosofía y probablemente querrán ver algo de esto.

Segundo, me intrigó el argumento de Smith de que “no hay conflictos entre intereses racionales”. Según Smith no hay que considerar a la moral como “un juego de suma cero” y por tanto no necesitamos sacrificar honestidad por conveniencia. El cultivo de valores de una persona, vivir una vida floreciente, no resta de la habilidad de otro para buscar una buena vida. Pero, ¿se desprende de esto que “en tanto vivan racionalmente...no hay conflictos entre las personas”? Es verdad que mi búsqueda de la virtud no interfiere con la de otro, pero sin duda la búsqueda de algún recurso escaso sí. Todos podemos vivir vidas honestas pero no todos podemos tener una casa en la zona de Hamptons, aún cuando fuésemos lo suficientemente ricos para poder comprar una. Simplemente no alcanzan. Si el bien es escaso y es una meta racional para algunos es totalmente posible que haya conflicto. Pero esta sección fue la única que no encontré convincente y su argumento no depende de este punto. De cualquier modo, estas objeciones no disminuyen lo que es un libro excelente de filosofía moral, con el que tanto el lector general como el filósofo académico se beneficiarán leyendo.

Aeon J. Skoble es profesor visitante de filosofía en West Point.

Este comentario fue originalmente publicado en la revista Ideas on Liberty. Permiso para traducir y publicar otorgado por The Foundation for Economic Education (www.fee.org) a la Fundación Atlas para una Sociedad Libre (www.atlas.org.ar).

Traducción de Brian Schmidt.